EL PADRE COMO EL PRINCIPAL DISCIPULADOR DE SUS HIJOS.

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Mi hijo de 8 años acaba de comenzar tercer grado en una escuela pública. Durante los últimos dos años, he procurado enseñarle repetidamente Génesis 1–3, porque estoy convencido de que allí se libra una de las batallas más importantes por la cosmovisión de nuestros hijos.

Padres, cuando decidimos enviar a nuestros hijos a la escuela pública, debemos reconocer que estarán expuestos a ideas y perspectivas sobre el origen del hombre y del universo que, en muchos casos, difieren de la enseñanza bíblica. Por ejemplo, aprenderán teorías científicas acerca del origen y desarrollo de la vida, mientras que las Escrituras presentan a Dios como el Creador de todas las cosas.

Por eso, nuestra responsabilidad no termina cuando los dejamos en la escuela dominical. La formación espiritual y la enseñanza de una cosmovisión bíblica siguen siendo una tarea esencial del hogar. Debemos ayudar a nuestros hijos a conocer la Palabra de Dios, a pensar bíblicamente y a evaluar todo lo que aprenden a la luz de la verdad revelada por Dios.

La verdadera batalla no es simplemente educativa, sino espiritual. No consiste en aislar a nuestros hijos del mundo, sino en prepararlos para vivir en él con discernimiento, convicciones firmes y una fe arraigada en las Escrituras.

“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos” (Deut. 6:6–7).

La escuela puede enseñar muchas cosas, pero Dios ha dado a los padres la responsabilidad de discipular el corazón de sus hijos.

Como padre cristiano, estoy convencido de que Dios me ha dado la responsabilidad principal de discipular a mi hijo. Esta convicción surge claramente de las Escrituras, especialmente en pasajes como Deuteronomio 6:6-7 y Efesios 6:4. Por lo tanto, es un grave error delegar esta responsabilidad únicamente a la escuela dominical o a los ministerios de la iglesia.

La escuela dominical es una bendición y un complemento importante, pero nunca fue diseñada para reemplazar el discipulado en el hogar. Los padres son los primeros maestros espirituales de sus hijos. La iglesia refuerza lo que los padres enseñan; no debe ser la única fuente de instrucción bíblica.

Nuestros hijos deberían llegar cada domingo habiendo sido expuestos ya a la Palabra de Dios en casa. Deberían escuchar acerca de Cristo durante la semana, orar con sus padres, aprender las Escrituras y ver el evangelio modelado en la vida cotidiana. En ese sentido, la clase del domingo complementa una obra que ya está ocurriendo en el hogar.

Si dedicamos tiempo a ayudar a nuestros hijos con las matemáticas, la lectura o las ciencias, cuánto más deberíamos ocuparnos de la formación de sus almas. El discipulado familiar no es una opción para los padres cristianos; es un mandato dado por Dios.

La iglesia ayuda a discipular a nuestros hijos, pero la responsabilidad principal del discipulado recae sobre los padres.

El llamado que el Señor nos hace no es opcional. Como padres cristianos, debemos ser intencionales en discipular a nuestros hijos para que aprendan a ejercer discernimiento y desarrollen una cosmovisión bíblica capaz de evaluar y filtrar las ideas y filosofías de este mundo a la luz de la Palabra de Dios.

Padres, esto no es un juego. La verdadera batalla se libra en el corazón y la mente de nuestros hijos. Si somos negligentes en nuestra responsabilidad de enseñarles las Escrituras, otros se encargarán de formarlos conforme a los valores y filosofías seculares de nuestra cultura.

Dios nunca delegó esta responsabilidad a la escuela, al gobierno o incluso a la iglesia. La responsabilidad principal recae sobre nosotros. Debemos hablar de la verdad de Dios en el hogar, modelarla con nuestra vida y enseñarla diligentemente a nuestros hijos (Dt. 6:6-7).

Nuestros hijos necesitan aprender no solo qué creer, sino por qué creerlo. Necesitan desarrollar convicciones bíblicas firmes para que, cuando sean expuestos a ideas contrarias a la fe cristiana, puedan evaluarlas con discernimiento y permanecer firmes en la verdad.

Cada día que dejamos de discipular intencionalmente es un día en que otra voz está compitiendo por influir en sus corazones. Por eso, el discipulado familiar no es una sugerencia; es una responsabilidad sagrada que Dios ha confiado a los padres.

La batalla más importante por la próxima generación no se libra principalmente en la escuela, sino en el hogar.

Así que te animo a tener conversaciones intencionales con tus hijos acerca de lo que están aprendiendo en la escuela. Escúchalos, hazles preguntas y aprovecha cada oportunidad para enseñarles la verdad de la Palabra de Dios. No tienes que hacerlo solo ni pensar que necesitas ser un experto. Gracias a Dios, hoy contamos con una gran cantidad de recursos, libros y materiales que pueden ayudarte a discipular a tus hijos mientras aprenden juntos como familia.

Por eso, quiero recomendarte los siguientes recursos que pueden ser de mucha ayuda durante esta temporada escolar. Mi oración es que hagamos una prioridad la tarea que Dios nos ha encomendado: discipular fielmente a nuestros hijos para que amen a Cristo, conozcan su verdad y desarrollen una cosmovisión bíblica capaz de discernir los mensajes de la cultura que los rodea.

Padres, no dejemos esta responsabilidad para mañana. Cada conversación cuenta. Cada momento en la Palabra cuenta. Cada oración cuenta. Dios nos ha confiado el privilegio y la responsabilidad de formar el corazón de nuestros hijos para su gloria.

La educación es importante, pero la formación espiritual es eterna. Discipulemos a nuestros hijos mientras tenemos la oportunidad.

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